Portada: Manuel Sáez.
Año de publicación: 2026.
Nº de páginas: 328.
Medidas: 125 x 200 mm.
Encuadernación: rústica cosida con solapas
ISBN: 978-84-128830-9-1
«Sentir asco por la manera, por el fondo y por la superficie de los poderosos. En cambio, una y otra vez, terminaba por caer, como si estuviera atrapado en cemento, en ese mundo del que había decidido formar parte como una pieza más del engranaje.»
Sebastián Ache acaba de cumplir treinta años, trabaja en una pequeña oficina como comercial inmobiliario y siente que su vida descarriló hace una década, cuando abandonó sus prometedores estudios en Filosofía tras ser atropellado por una paternidad no deseada.
En su nuevo empleo por fin le va bien, gracias a su talento para aprovecharse de la necesidad de la gente que busca una casa donde vivir y, no se engaña, por su inesperada y extraña amistad con Jacobo Lozano, vicedirector de la compañía para la que trabaja.
De querer cambiar el mundo a intentar salvarse a sí mismo, ese ha sido el paradigmático viaje de Sebastián, tan parecido al que muchas veces nos vemos abocados. Ahora, en medio de tensas relaciones familiares, tendrá que plantearse —al conocer a Constanza de la Riba, la presidenta de Caementum, y trabar contacto con un sindicato de inquilinos— hasta dónde llegan sus principios y hasta dónde su ambición.
Una fábula existencialista sobre el choque entre los ideales que un día nos guiaron y la cruda realidad, dura como el cemento, que aplastó esos sueños. Porque, si asumimos que el infierno son los otros, ¿qué somos nosotros para el mundo?
Estudió Filosofía en la Universidad Complutense y ha realizado varios másteres de escritura creativa. Trabajó durante más de diez años como educador social y en la actualidad es bibliotecario en la Universidad Autónoma de Madrid. Ha colaborado con diversas revistas y proyectos literarios y publicado cuatro novelas, entre ellas En la palma de su mano (2017) y Mi hermana y yo, o un talento especial para el fracaso (2021).
De Cervantes a Philip Roth, de Dostoievski a Margaret Atwood, de Sartre a Enrique Vila-Matas. Consciente de que la buena literatura no se ciñe a ningún corsé ni a ninguna época, el autor se siente en deuda con todos los mundos que los libros le han mostrado. Esa deuda, sus obsesiones personales y el devenir de los tiempos van construyendo el pulso de su narrativa.